Araure - Jueves 17 de mayo de 2012
La Ley Respetando.. José Teodoro Bonilla F.
jotebof@hotmail.com
ANTONIO GRAMSCI Y LA EDUCACION…
Muchas veces en el foro universitario se ha dado la oportunidad de discutir y debatir sobre la contribución y posicionamiento pedagógico de grandes pensadores de la causa socialista, entre los que podemos mencionar a Simón Rodríguez, Karl Marx, Friedrich Engels, Benedetto Croce, Paulo Freire, Henry Giroux, Eduardo Galeano, Antonio Gramsci, McLaren Peter, Tomás Moro, Zemelman Hugo, entre otros, a quienes los socialistas los tenemos como los grandes paladines de la educación vanguardista, horizontal, crítica, participativa y revolucionaria, mientras que los opositores, la mayoría de las veces sin fundamento investigativo, sostienen que estos prohombres no aportaron nada a la pedagogía, a la didáctica participativa, a la docencia alternativa y por lo tanto a la educación integral. Hoy, en descargo de eso vamos a hablar del enfoque pedagógico educativo de contenido socialista del escritor y filósofo socialista Italiano Antonio Gramsci (1891-1937).
Al indagar sobre la realidad política, social y cultural de la sociedad italiana, el gran pensador sardo trata, con igual o mayor interés que al resto de los planteamientos del conjunto de su teoría, el problema de la educación como factor esencial en el proceso de desarrollo y de elevación tanto de la sociedad como de cada uno de los seres humanos. Las meditaciones que realiza Gramsci sobre la problemática educativa las asume alejándose de cualquier posibilidad idealista como de cualquier materialismo vulgar. Siendo filosófica y políticamente marxista-leninista, pero no aceptando un marxismo-leninismo pensado y predicado dogmáticamente, Gramsci procura con una actitud polémica y crítica la comprensión de la complejidad de los problemas educativos, en el marco de la crisis de las viejas estructuras y jerarquías cultural-educativas en el orden de la vida italiana de la época. Es decir, que llegando al fondo de la realidad de su país, busca afanosamente el principio educativo que le permita ir más allá del supuesto “humanismo de impronta pragmatista” que, por una parte, hace de la escuela el vehículo de ideologías reñidas con los intereses de la grandes mayorías, y, por otra, que su único resultado inmediato es el de formar a “medios hombres” con “ojos infalible y mano firme” para el trabajo industrial-mecánico.
Ante lo inadecuado, tantos de los principios como de las instituciones escolares y culturales, Gramsci se propone sobre todo la búsqueda, si no de soluciones definitivas y universalmente validas, por lo menos un cuerpo doctrinario educativo que establezca, sobre la base de una nueva estructura y organización de la escuela y de la cultura en general, una avenencia de los valores supremos del hombre tanto con las exigencias de la moderna industrialización, como con la necesidad de construir un nuevo tipo de sociedad.
Es digno reconocer que su obra educativa y pedagógica, basada en principios y paradigmas revolucionarios no está condensada en forma ordenada y sistemática en una sola de sus obras sino que la misma está desparramada y fragmentada en todos sus libros, cartas, escritos y discursos, especialmente en los tomos enciclopédicos y didácticos de “Cuadernos de la Cárcel” Y “Cartas de la Cárcel”, oportuna vivencia intelectual que invita a su análisis profundo, estudio concienzudo e investigación sostenida, donde nos vamos a conseguir con seguridad singularidades que realzan y destacan el carácter social de su obra, lo ético, político, espiritualidad y sensibilidad de su pensamiento socialista y revolucionario.
Terminamos, por ahora, recordando las coplas de Santos Venecio: “El mastranto florecido del camino a La Mendera, le pone olor perfumado, al golpe de periquera, que el médico Víctor Julio le dedica a la pradera y yo que no canto bailo dejando la polvareda…”.
20-02-2012
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